Por: Erick Iris

El derecho a la libre expresión es uno de los más fundamentales, ya que es esencial a la lucha para el respeto y promoción de todos los derechos humanos. Sin la habilidad de opinar librememte, de denunciar injusticias y clamar cambios - el hombre está condenado a la opresión.

Periodismo y Opinión

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Muchas gracias a todos por los comentarios, aportes y consultas .sobre .el blog.. Me alegra saber que para muchos este espacio se está convirtiendo en una nueva posibilidad para poder expresar sus ideas, sensaciones y opiniones, en un momento en el que no todos tienen la alternativa de decir libremente y sin tapujos lo que piensan. Esa libertad, esa alternativa de expresión es la única meta de este blog y me reconforta descubrir que cada día somos más los que así lo entendemos. ¡Gracias!.
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martes, 9 de octubre de 2012

Odisea en el democrático camión


         Por: Erick R. Iris Martínez de E.

 



Despierto muy temprano, y como todos los días, me doy un buen baño para terminar de despabilarme; después le doy una arregladita a la barba para verme más guapo (como siempre), después me aplico cremitas, desodorante, perfumito; luego de vestirme regreso al espejo para darle la última checada a la negrísima cabellera y demás adornos naturales que Dios me dio… y quedar dispuesto para ir a cumplir con las obligaciones del día.

 Subo al carro, arranco el motor mientras  me miro de nuevo en el espejo retrovisor para verificar si efectivamente estoy guapo (jajajaja puro coto) y ¡cieeelos! Cuando quiero meter las velocidades  ¡nada! ni para adelante, ni para atrás, derecha, o izquierda ¡que las velocidades no entran!

 ¡¿Ahora quien podrá defenderme?! Grité pidiendo auxilio al “Chapulín colorado”.  Sabiendo que éste no llegaría, tendría que tomar la alternativa entre hacer funcionar el vehículo, de faltar a mi trabajo, llamar un taxi, o ir a esperar el democrático camión.

 Checo el reloj, veo que aún es temprano, bajo del carro y decido caminar hasta llegar a la avenida mientras meditaba un plan de arribo al trabajo; en lo primero que pase me voy… Más tardé en pensarlo en que llegó el camión urbano.

 Lo abordo, aún habían asientos disponibles, me instalé en uno de ellos y así, sentadito traté de evitar estresarme por todo lo que ya me estaba abrumando; el desperfecto de mi vehículo, cuánto me costaría la reparación, además del insoportable tráfico. Como distractor observaba a  las personas que subían y bajaban del democrático; de entre el gentío que subía a la “guagua” distinguí al hermano de una amiga que subió con su pequeña hija para llevarla a la guardería. Los saludé y mientras platicábamos noté que la pequeñita se divertía con los zangoloteos y el zigzaguear del camión cuando pasaba baches tras bache tratando de esquivarlos, ¡cieeelos! Al menos ella se divertía (que envidia).

                A cada esquina que llegábamos, subía más gente y más gente hasta a llenarse, digo, hasta repletarse. Desde mi asiento de la parte trasera pude ver a aquellos libidinosos que veía en programas de humor por tele, esta vez en vivo y a todo color… aprovechándose de los zangoloteos y el zigzagueos, a fuerzas trataban de pasar de extremo a extremo entre las damas -que estaban  agarradas del pasamanos- restregándoles sus miserias y riéndose entre ellos (que poca); pero como todo mundo tiene prisa y están con los ojos pendientes al reloj y hacia las ventanillas, cuidando no pasarse de sus respectivos destinos, las damas no se percataron que fueron víctimas de un “ataque sexual discreto”.

 También pude darme cuenta de la sordera del chofer, o se hacía al sordo, porque le gritaban… ¡bajan!... ¡bajan!  y el chofer, tragando rebanadas, -como decimos los cuates- siguió  de largo hasta llegar al siguiente paradero para subir más pasajeros mientras por la parte de atrás bajaban los que habían pedido la parada un paradero antes, furiosos le recordaban la mamacita al cafre del volante.

Continué viendo los rostros de cada usuario, hasta que mi mirada se topó con un par de jovenzuelos  que estaban subiendo; con los pelos parados y  tatuajes en los brazos  ¡cieeelos! Creo que igual quedé como ellos, peliparado cuando los vi. “No hay que dejarse llevar por las apariencias” pensé, tratando de calmarme, pero por si las moscas oculté  mi ipad y mi inseparable cámara fotográfica jajaja

Para no hacerles más largo el cuento, les platico que por andar de chismoso, cuando me di cuenta por dónde íbamos ¿qué creen? ya me habían pasado más de  diez cuadras a delante de mi destino. ¡cieeelos! ¿y ahora qué hago? Salté  de mi asiento y grité desesperado… ¡bajan!… ¡bajan”!

 Lo bueno que me escuchó el chofer, si no, me hubiera regresado al lugar donde subí. Paró el camión. Avancé hasta alcanzar la puerta de salida deslizándome como Michael Jackson entre la multitud, por  lo resbaladizo que estaba el piso.

Logro bajarme y a caminar a paso veloz, muy al estilo del capitán Pedraza, Raúl González y Ernesto Canto. Caminé rápido y furioso jajajaja, desde la Av. López Mateos hasta la altura de los portales del centro, cerca de ahí está mi centro de trabajo.  Exactamente llegué a la hora de entrada, 8:00 am,  ¡uf! creo definitivamente que participaré en competencias de caminata, aprovechando el involuntario ejercicio matutino, a menos que componga pronto mi invaluable vehículo, jajaja.

Como dicen los cubanos “lo que sucede conviene, chico”. Este baño de pueblo me permite no olvidar la situación de tantos campechanos que viven que jándose de lo deteriorado de las calles, la necesidad de más y mejores unidades de servicio y de sus cafres del volante; La neta se pasan… y ¿si agarro un taxi mañana? Ya les contaré.