Después de una larga jornada laboral, decidí aceptar la invitación de mi bella y guapa amiga para ir al cine a ver “Amanecer”; llegamos media hora antes de la función para comprar los boletos, pero nuestra sorpresa fue ver una cartulina blanca pegada en la ventanilla que decía “AGOTADOS TODOS LOS BOLETOS DE LA SALA 3 Y 4 “EL AMANECER”.
Tristemente los dos, resignados tomamos la decisión de entrar a otra sala a ver “Detrás de las paredes” con otro horario y ya otro día, quizás veríamos “Amanecer”.
Nos fuimos a dar vueltas por el malecón para hacer hora, bajamos al parque de Moch-cohuo para saludar a la familia de mi acompañante.
Para no a hacerle largo el cuento, llegó la hora de regresar al cine; mientras llegábamos, mi amiga estaba planeando como introducirnos a la sala donde pasaban “Amanecer” es decir, pasarnos de una sala a la otra.
Afortunadamente había estacionamiento cerca del cinema y pronto entramos, ella se dirigió al baño a empolvarse la nariz, (las mujeres nunca están listas hasta llegar a su destino) sin mirar los boletos me puse detrás de la cola más corta resignado a ver “Detrás de las paredes”.
Raro se nos hizo que si eran a las 9:40, no coincidía el tiempo con la hora programada para entrar a nuestra función, y lo relacioné con la típica hora campechana.
La cuestión es que abren la puerta y en el transcurso que caminábamos en el pasillo acelerando el paso para ganar lugares, nos encontramos al hermano de mi amiga que salía de una sala a comprar, nos saludamos y platicamos rápidamente mientras veía como los de atrás nos rebasaban, mi amiga se atrasó, le hice señas que se apurara, en ese momento la tomé por la mano y por instinto me metí a la sala, escogimos lugar en medio, nos acomodamos, cuando apagan las luces inmediatamente se me antojaron las tradicionales palomitas “ya sabes” (como dicen los chavitos del cole) ir al cine sin comer palomitas no es ir al cine.
Empecé a comer las palomitas, de ahí abrí con el permiso de mi amiga el cierre de su bulto para sacar los cacahuates japoneses que habíamos comprado en Oxxo (son más baratos y contienen más que los que venden en el Holly Wood), mi agua natural que también compré en Oxxo, así como mis papitas, chocolates y demás golosinas para disfrutar la película. Quiero decirle que el bulto era muy grande, ya que de ahí primero saqué, mientras encontraba mis golosinas: pintura de uñas, delineadores , crema facial, pinta labios , rubor , espejito y tantas cosas que parecía el sombrero de un mago.
Empezaron los 3 minutos de cortos, cuando de repente aparece en la pantalla Taylor Laurtner corriendo furioso al mismo tiempo que se convertía en lobo; ¡Cielos! le dije a mi amiga, ¡mira! Se ve que esta padre la –película; lo que nos perdimos, le comenté; me responde ella, para ser un corto como que ya tardó, está muy largo, préstame los boletos para ver qué sala nos tocó.
Empezó a revisar meticulosamente los boletos y levanta la cara rápidamente y con una mirada fija,(con un brillo en los ojos que solo he visto cuando le regalo una rosa o le doy una buena noticia) guardó silencio una fracción de segundos, para luego susurrar… gordo ¿sabes en que sala estamos?, ¿Cuál? le respondí… y me contesta reprimiendo el deseo de levantar la voz (por aquello de no molestar a los demás espectadores), con una pronunciación digna de un niño con trastorno de lenguaje; “ya sabes ” (como dicen los chavitos del cole.)
Me dice… nos confundimos de sala, estamos en la 4 en lugar de la 5, esto no es un corto, es la película “Amanecer”; eso estoy viendo en la pantalla le dije , así que con la mirada de complicidad y la sonrisa de oreja a oreja (esas, que cuando das masajitos y te sales con la tuya en un final feliz ) “ya sabes”, alegre, satisfecho y orgulloso de tu acto; Pues así nos quedamos con las luces en penumbras, viendo el principio hasta el final del “AMANECER”. (continuara)…






